Santiago de Cuba, 28 de Junio de 2017
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Entrevista a Marta Mosquera, Premio Nacional de Diseño del Libro 2013

ENTREVISTAS

Entrevista a Marta Mosquera, Premio Nacional de Diseño del Libro 2013

Todo el que se acerca a conversar con Marta Mosquera recibe la misma advertencia: «Hablo mucho, este es mi tema, es de lo que me gusta hablar, de los libros y la literatura». Tiene esa pasión desde muy joven, cuando recién graduada de Pintura en la Escuela Nacional de Arte (ENA), llegó hasta el germen fundacional de la Editorial Oriente (EO) por allá por el año 1971.

«No sabía casi nada del diseño de libros, solo que siempre me gustaron y es mi pasión leerlos; recibí varios cursos en diferentes lugares del país, con diseñadores alemanes y polacos, además de la excelente preparación en la ENA con Raúl Martínez, que fue mi mentor y la persona que me enseñó la esencia de lo que sé, aunque otros hayan influido en mi obra.

«Agradezco mi paso por la enseñanza artística, que ha sido la base de mi formación, primero en la Academia José Joaquín Tejada y luego en la ENA, porque la máquina sola no es nada, hace falta delante alguien que sepa dibujar, tenga dominio acerca del color, las formas, etc.».

Cuarenta y dos años después Marta se convierte en la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Diseño del Libro. Pero esta orgullosa santiaguera encuentra la razón en otras motivaciones: «El libro es un objeto que tiene alas, el libro vuela y está en todas partes, y además es un bumerán porque regresa a ti. Lo conoce todo el mundo; incluso la página legal mucha gente la lee, aunque algunos crean que no, y eso hace que el lector sepa quién hizo este diseño que me gustó o este que no me gustó».

—¿Cómo aprecia la doble significación de este premio entregado por primera vez a una mujer y que vive fuera de la capital?

—En todos estos años me he vinculado a diferentes casas editoras del país y he apoyado a otros territorios en la creación de los Centros Provinciales del Libro y la Literatura. Además he impartido seminarios sobre diseño y las adecuaciones del trabajo editorial a la norma Riso, entre otras actividades, lo cual no solo ha contribuido al prestigio de la EO, sino que también ha difundido el conocimiento de mi obra.

«El hecho de ser mujer creadora en el ámbito del diseño editorial ya no es una novedad. En el tiempo en que empecé a trabajar éramos muy pocas las que hacíamos diseño gráfico, en la Editorial Oriente solo habíamos dos. Después que se creó el Instituto Superior de Diseño (ISDI) fue que las mujeres diseñadoras gráficas salieron a la palestra, aunque muchas siguen prefiriendo otras ramas del diseño. Tengo la suerte de ser una de las que se dedicó al diseño del libro, que es algo fascinante».

—Fuera del criterio de la crítica u otros especialistas, ¿cuáles son los trabajos más recordados por Marta?

—Son muchos años y muchos libros. Al principio hacíamos los libros como los panaderos hacen el pan, con las manos. De esos hechos con las manos son mis mejores recuerdos; de ahí salió la colección príncipe de nuestra editorial, la niña linda de mis ojos, la Heredia, de poesía. En una sola ocasión obtuvimos 11 premios del extinto Concurso del Arte del Libro con este trabajo.

«Después laboré en otras colecciones que han sido muy importantes como Mariposa, para la cual creé un logotipo que me gusta destacar entre todos los que he creado. Es una muy hermosa y elaborada colección. Yo busco reflejar en el diseño el espíritu del libro, más que buscar una referencia evidente con el título, eso ha marcado alguna diferencia».

Con una profusa producción en todos los ámbitos del diseño, Marta prefiere hablar siempre de sus últimas labores. Así muestra su satisfacción por un libro próximo a salir y en el que, según confiesa, ha puesto toda su experiencia y talento.

«Carlos Segrera. Arquitecto iniciador del progreso arquitectónico y urbanístico de la ciudad de Santiago de Cuba en el siglo XX es un libro de arte que está hecho con mucho amor, porque soy una santiaguera de esas realmente comprometidas con mi ciudad y su historia, que ama lo bella que es y desea que todo el mundo la conozca y sepa cuánto la amamos.

«Pienso que su publicación constituirá un acontecimiento porque para mí, que lo trabajé, fue como un redescubrimiento de Santiago; apreciar el desaparecido Hotel Venus, saber cómo se diseñó el Parque Céspedes, el Club San Carlos, la Catedral, el Hotel Casagranda y tantas otras construcciones emblemáticas de la Ciudad Heroína… Son 380 páginas donde se une la profunda investigación de sus autoras Marta Lora y Carmen Lemos con imágenes muy bellas a todo color».

—Coméntenos sobre su quehacer fuera del ámbito editorial.

—He trabajado algo en teatro pero menos de lo que quisiera. También he concebido imágenes corporativas como la de los Laboratorios de Anticuerpos y Biomodelos Experimentales (Labex) de Santiago de Cuba, uno de mis mejores trabajos. A través de un concurso pude realizar el logo y el trofeo de la Feria Internacional ExpoCaribe. He diseñado carátulas de discos, carteles, señalética… Otro proyecto interesante ha sido ArteCiudad que, a través de grandes vallas, ha contribuido al mejoramiento del entorno citadino con la exhibición en espacios públicos de la obra de artistas de la plástica santiaguera.

«Me gusta todo lo que hago porque a la vida hay que entrarle con pasión y, como buena Leo, siempre veo el vaso medio lleno».

—¿Qué lugar ocupan en su trayectoria la Editorial Oriente y Ediciones Caserón?

—La Editorial Oriente ha sido todo en mi vida porque es donde me he formado como lo que soy: una diseñadora del arte del libro. Ahí he obtenido todos los premios específicos en el ámbito del libro y además he trabajado con personas maravillosas.

«Ediciones Caserón es un aparte muy interesante de mi carrera porque empezamos con unas pequeñas publicaciones llamadas Los Caseroncitos. Era muy duro el quehacer en una imprenta de Cultura para lograr su salida, pero fueron muy exitosos en los años 80. Al retomar sus funciones en 2006 con Reinaldo Cedeño al frente, Ediciones Caserón y su revista homónima tomaron otro impulso que se reflejó en su diseño, a pesar de que mantuvimos la concepción original».

—¿Por qué a pesar de tener tantas responsabilidades no abandona su labor docente?

—Como ves hablo mucho y me gusta dar clases, explicar lo que sé. He estado muy vinculada al Centro de Superación de la Cultura con proyectos de diseño teatral gráfico y otros temas, además de impartir cursos generales, talleres y cursos específicos en el extranjero.

«Ahora tengo un proyecto en conjunto con la comisión de enseñanza artística, Conversando con…, donde una vez al mes invito a personalidades de la cultura para que compartan su experiencia con los alumnos de las escuelas de arte y la Universidad. Estudié mucho tiempo y todavía estudio; además la docencia es una forma de retroalimentación».

—¿Cómo logra no repetirse después de tantas décadas haciendo lo mismo?

—Al informarme constantemente, trato de estar al día en lo que se hace en el trabajo editorial. La participación en las ferias del libro son otra fuente de enriquecimiento profesional. Admiro lo bien que están los jóvenes graduados del Instituto Superior de Arte, el ISDI; de la Escuela Internacional de Cine y Televisión o los comunicadores sociales; todos ellos se están enfrentando con mucho ímpetu y creatividad al uso de las nuevas tecnologías. Hago todo lo posible para estar activa, actualizada, conocer de las últimas tendencias de la moda, de todo. Eso me permite no permanecer al margen, que no envejezca mi manera de trabajar. Tener la mente muy abierta para los cambios, eso me ha sido muy útil.

—¿Cómo es un día de trabajo suyo?

—De 48 horas, pero lo primero es levantarme bien temprano para atender a mi nieta y darle los primeros besos; ese es el momento más esperado de mi día. Después ocupo el resto de mis mañanas en mis funciones como vicepresidenta del Comité Provincial de la Uneac; trabajar con otros artistas me gusta mucho, me siento cómoda y útil con ello.

«En la tarde regreso a casa para seguir con los encargos hasta la noche, veo un poco de TV para escudriñar en las formas de creación de otros artistas. Así puedo, por ejemplo, apreciar la promoción de la Feria Internacional del Libro, que en cada edición presenta mayor calidad y elaboración».

—¿Recuerda algunos de los momentos poco felices en estos años de labor?

—No quisiera hablar de esos momentos porque como dijo un amigo cercano: que nada ni nadie empañe este momento feliz, y no lo voy a empañar.

—¿Qué motivaría a Marta a rechazar un trabajo?

—Que no me diga nada, que no tenga que ver conmigo. En sentido general todo es diseñable, yo siempre lo digo y a todo se le puede buscar un ángulo para realizar un buen diseño. No he tenido ocasión para rechazar nada, he trabajado mucho, trabajo todos los días de mi vida, desde el primer día que comencé a diseñar.

—Cuéntenos del momento en que supo la noticia sobre el premio…

—Estaba en la sede de la Uneac cuando recibí la llamada donde me anunciaron el premio, me extrañó porque estaba esperando otra comunicación. En ese momento me quedé sin palabras, realmente no lo esperaba, no voy a decir que porque no creyera que no lo merecía, no lo esperaba. Quizá porque creo que es muy pronto para recibir un premio como ese, que es como el techo de todos los laureles; creo que me queda mucho por vivir y por hacer; y así fue como yo, que siempre tengo algo que decir, me quedé sin palabras.

«Cuando Ileana Mulet, miembro de jurado, cogió el teléfono y me felicitó, me dijo: “llora, llora, llora”, y lloré de felicidad. Yo no tenía palabras y todavía no las tengo, es un honor, un reto, un compromiso con lo que voy a hacer de aquí en adelante.

«En sentido general me siento muy bien; soy, esencialmente, una mujer feliz. No puedo decir otra cosa. La vida ha sido generosa conmigo, quizá porque yo he sido generosa con ella, porque le he dado todo lo que soy y la vida me ha premiado con muchas alegrías, muchas personas maravillosas alrededor de mí, con mucha energía positiva y un premio como este, que es lo máximo a lo que puedo aspirar»

—¿Ahora qué le resta por hacer?

—Es una tontería trabajar para premios. Yo trabajo y ya. Si vienen los premios, qué bien; qué bueno es recibirlos; pero sigo trabajando igual.

por Juventud Rebelde
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