Santiago de Cuba, 28 de Junio de 2017
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TODA EXPRESIÓN ES LIBRE

ENTREVISTAS

TODA EXPRESIÓN ES LIBRE
Conversación con Alejandro Cernuda

La novela y el cuento

Por supuesto que reconozco las diferencias entre uno y otro. Reconozco que prefiero el maratón y mi interés va disminuyendo hasta no interesarme los cien metros planos, aunque esto me haga un escritor detestable en ciertos círculos…; incluso reconozco que me hubiera gustado ganar con una simple novela, pero los cuentos están ahí, son tangibles en un momento dado y podría ser ingrato no escribirlos tras su revelación…, tampoco hay que importunar al tipo que dispone de las musas. Pero la novela, al menos la de hoy, es una revolución grata a nosotros los pobres de espíritu. Es hoy la forma de expresión más libre dentro de la literatura, aunque esta libertad no sea constitucional, porque a fe de la condición del arte, toda expresión es libre; solo que las demás formas han sido demasiado tocadas por los moldes. En otros lugares de la literatura: en el ensayo, la poesía o el cuento el uso de la libertad está poderosamente circunscrito a las corrientes de moda e incluso al currículo del autor. Y no digo que no pase un poco en la novela, pero de cierto es menos coagulante. El ensayo, por ejemplo, que en su esencia de pensamiento puro debe ser lo más libre, es hoy el género más censurado, y sin embargo, dentro de la novela se están escribiendo ensayos de mayor audacia. Con la poesía otro tanto, la nuestra, llena de imágenes sin épica, sigue dándole vueltas al yo, y el cuento cubano –al fin lo puesto de antítesis a la novela- está hoy entre Borges y Hemingway, ni siquiera Onelio… ambos mal interpretados y por tanto degenerado en el lenguaje y sus silencios. La literatura en Cuba tiene, a mi modo de ver, dos males importantes: la subscripción a una frontera espaciotemporal y la mala interpretación de Proust y el pragmatismo norteamericano. La novela también, pero disimula un poco… yo, que veo así este problema y no soy tan bueno, opto por disimular.

¿Desde tu punto de vista qué le falta  a la narrativa cubana de hoy?

Partimos de que la literatura es un espacio abstracto, por tanto incompatible con cualquier tipo de perfección y complicada en términos dialécticos… en peores condiciones se han hecho grandes obras; sin embargo, admito que podría ser mejor si se cumplieran dos o tres condiciones: hay un equilibrio sutil entre la distancia que guarda el creador para realizar un trabajo diferente y su irrevocable condición de ser social abierto a las influencias. La frase, creo que de García Márquez, de que este es el oficio más solitario del mundo, se ha convertido en un precepto discutible gracias a las influencias y los procesos de selección natural (editorial) que condicionan la creación. La literatura cubana necesita una apertura a las influencias externas y una potenciación editorial, desprejuiciada, de lo bueno que hay y ha habido en ella. Necesita borrar la distancia entre el público y los escritores, darle un poco más de protagonismo al consumidor en el proceso de selección, pues en Cuba la literatura que se vende rara vez la juzga el público. Se necesita cumplir todas las reglas del marketing como se hace con la música y el cine. Se necesita redefinir la figura del escritor a partir de su condición de artista y no de intelectual, pues si bien he de admitir su preparación para penetrar ciertos espacios de la vida y su licencia para la crítica, muchas veces su entrenamiento es sólo formal. Y por último se necesita abrir el espectro de las publicaciones hacia sectores no explorados, admitir que, como se dijo al principio, la literatura es un espacio abstracto, pero el libro es un artículo concreto, tangible, y por tanto es la literatura deudora del libro, no a la inversa.
 
¿Y te sientes deudor y lector de la literatura cubana?

Por supuesto. Y si me excedí antes, digo que se está escribiendo con calidad en Cuba, aunque tan fragmentada que una definición o una lista de ejemplos sería insuficiente. Y es que la identidad no tiene la culpa ni cree en condiciones, la nuestra se retuerce y esto es bueno. Hoy se pueden encontrar piezas de excelente factura, llenas de exotismos… o mejor, vacías de cubanismos, y que en algunos casos no se argumentan dentro de nuestras fronteras; hay literatura bucólica, empecinada en mantener sus conexiones con la historia y hay una literatura citadina, moderna, tal vez la de más instinto comercial… Y claro que esta es solo una entre muchas manera de sistematizar. Lo curioso es que en nuestra historia literaria lo bueno siempre ha sufrido para consagrarse. No sé si está en nuestro carácter, pero aquí de una forma u otra hay que parir la literatura, por eso la buena se descubre tras un largo proceso de búsqueda. Incluso el cubano más vendido ¿Buesa? se menciona con prudencia. El más universal: Martí, se queja de que no se publiquen sus versos libres y sí los sencillos. Carpentier, el que más lejos ha llegado, todavía no está entre nosotros… En fin, amigo, le debo a la literatura cubana, pero no porque su legado marque primicias sino por mostrar la condición del arte como acto de fe.
 
Enamorarse de Ana inició tu carrera en el mundo literario.

Fue un martes de julio. Me dijeron que mi vieja andaba por las calles de Ciego Montero con un radio portátil, y se acercaba a las personas y subía el volumen cuando mencionaban mi nombre o cualquier cosa sobre el premio. Esto no es una simple anécdota sentimental, es un evento que cualquiera puede entender si se ha pasado por la experiencia de ser un hijo bueno para nada. Y se entiende mejor cuando vives en un pueblo donde todo el mundo te conoce: un segundo de ventaja sobre la gran ciudad. Como quiera, estoy convencido de que pocos de los forzados oyentes de aquel martes serían capaces de embutirse la novela, y esto incluye a la portadora del radio, pero eso no es lo importante. Llega el día en que el joven aprendiz de escritor comienza con timidez a admitir su oficio -abstracto para muchos- con la esperanza de que las bondades mil veces soñadas comiencen a aflorar, pero en la desesperación solo recibe dudas y el valor agregado de ser visto como raro y por tanto propenso a la exclusión; sin embargo, admitirlo y expresarlo es parte del proceso iniciático, como un compromiso. Un tiempo después comprende que para decir soy escritor, la vida ha impuesto la regla de mostrar un rectángulo de papeles impresos de manera oficial, luego un solo libro es insuficiente, pero esa es otra historia…
Enamorarse de Ana fue ese objeto primario, y además, porque un tipo de Ciego Montero no conoce tanta gente ni se relaciona con la farándula (ni siquiera sabe citar a los autores de moda), fue la oportunidad de conocer la parte social del oficio. Pero por encima de todas las cosas, una novela, quizá pueril, pero diferente… eso pretendí, no sé, yo no puedo defenderla, porque cuando uno escribe algo lo dota de ciertas herramientas para la vida independiente, si no lo hice entonces asumo la responsabilidad en la misma medida que asumí la satisfacción de firmarla para las personas que quiero, a los gentiles desconocidos y a dos o tres mujeres hermosas.

Te gusta el policíaco, la novela negra. Por ahí andan algunos libros tuyos.

Supón que un hombre proyecta escribir todo lo que falta y juntar volúmenes con la pretensión de cerrar el negocio de la literatura. Tendrás la foto de alguien que no se parece a mí; sin embargo, no te podría decir qué no quiero hacer. Cuando alguien calificó de novela negra a Enamorarse de Ana descubrí que estaba frente a una afirmación impensada, terrible y a la vez placentera e innegable. ¿Te das cuenta cuántos adjetivos? Y es que los adjetivos se escriben en sentido contrario, me explico, cuando los utilizamos así, en un revuelo, no están calificando otra cosa que no sea las pasiones del autor. Lo negro, en mí, no es más que una aproximación al estado psíquico inherente a la violencia. Pero antes de que alguien catalogara de negra mi novela, yo creía haber escrito una historia de amor, te imaginas. Por otra parte me sorprende que los elementos fantásticos y de crítica social hayan sido soslayados con tanta facilidad. Para Enamorarse de Ana no pensé tanto en la novela negra, aunque sí lo hice en otros textos, y no es que yo ande repartiéndome y diciendo ahora voy a escribir un culebrón y mañana un thriller, esas calificaciones discriminan por partida doble: uno, porque la más perfecta división en géneros literarios fue la primera: épica, lírica y dramática y dos, porque las calificaciones son un recurso del mercado que los puros han asumido para endilgarse la exclusividad.

¿Qué propones con el libro de cuentos premiado?

Problemas del arte figurativo: Aunque el libro tenga tamaño título, que es lo mismo que ponerle una etiqueta de Christian Dior a la camisa hecha con sacos de harina, las explicaciones para hacerlo surgen más en la exégesis que en el proceso de creación. Por eso yo soy más la propuesta del libro que él de mí, en tanto el premio me apellide y luego el libro le diga a la gente, poca gente, cómo escribo y por tanto quién soy. El premio me corrompe un poco más, me indica que hay algo concreto en escribir y ese sueño abstracto de hacerlo sin saber por qué, con cada éxito se difumina. Pero como todavía soy conciente de que el carácter esencial del oficio es más importante que sus consecuencias concretas, creo que todavía soporto un par de premios más.
Si luego de este eufemismo el interlocutor persiste en hablar de propuestas, le diría que Problemas… reúne los momentos donde sus personajes, autor y algunos lectores se muestran escépticos sobre el sentido común y las buenas costumbres. Es un conjunto de historias dentro de lo fantástico social, una apología a ciertos caracteres que intentaron ser arquetipos pero no lo lograron… me explico, los personajes están en la frontera del comportamiento esperado cuando se habla de valores tan universales como el amor, la convicción, la familia o la idiosincrasia.

Relación con Santiago de Cuba

Uno gana el premio y entonces la ciudad debe quedar marcada en alguna parte del catálogo de lugares felices. Para mí Santiago lo ha sido por tres veces. Y si bien en algún momento pensé que esta dicha debía ser repartida de una forma más equitativa, ahora pienso que si estos tres premios hubieran sido en La Habana, nadie habría preguntado, e incluso, si ganador fuera en Cienfuegos, mi patria… lo más normal del mundo. Y un premio es una inyección de responsabilidad con el efecto secundario de la vanidad, esto ocurre en cualquier parte del mundo. Pero la tierra caliente no es nueva para mí: en Santiago también comencé mis estudios universitarios, allá por los diecisiete, en uno de los viajes más románticos y exóticos que se pueda tener. Los dos premios La Llave (2008-2009) y este premio Oriente no son más que el resultado de trabajar e insistir. Los tres son importantes. Y podría escribir una relación sobre los lugares y las cosas que he podido experimentar en Santiago y aún me faltan, o ese otro bien de conocer personas infectadas de persistente amor a la literatura y a la esencia humana.

por Yunier Riquenes García
Editorial ORIENTE

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2014