Santiago de Cuba, 28 de Junio de 2017
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Niño leyendo

El poeta con su rosa

RESEÑAS

El poeta con su rosa

Entre los jóvenes poetas que hacen su obra desde Holguín, indubitablemente es Luis Yuseff uno de los que evidencian un pronto y sólido crecimiento. Persona de singular sensibilidad, une a su voracidad cognoscitiva y su ancha curiosidad una laboriosa disciplina que ha impulsado su obra ascendentemente. Es así que, en apenas una década desde que hiciera sus tanteos más decididos en la poesía, ya tiene una notoria obra donde se reconoce una voz peculiar. Por supuesto, el crecimiento de un poeta no se mide por la cantidad de libros. Los números no son buen argumento para la poesía. Percibimos su maduración por el peso de los asuntos vitales de que se ocupa, la manera honesta y desinhibida en que los aprehende y la voz cuidada y distinguida con que los traduce. En todo esto ha alcanzado madurez.
Ahora el poeta vuelve a los predios de lectura con el título que resultara triunfador del Premio de Poesía José Manuel Poveda (o Premio Oriente) 2009.  La rosa en su jaula se llama el cuaderno y desde aquí expone ciertas incitaciones. Rosa y jaula, dos elementos antitéticos. Es distinguible la íntima seducción del poeta por el emblema de la rosa. Ya en otros textos ha discurrido sobre su signo. Así en el poema “Negra leche del alba te bebemos al amanecer” (libro Salón de última espera) concede: “…estaba yo contemplando las rosas que me han tocado en este mundo y por las que Dios viene a la tierra (…) pidiéndole una rosa verdadera a Santa Teresita de los Cementerios (…) en su lugar se me mostraban todas las rosas del mundo…” Así la rosa es no solo la belleza, sino el sentido real, evidencia de Dios, potestad del ser. Sin embargo, aquí se trata de una rosa cautiva, limitada a un espacio que le trunca esplendor y altura. No obstante, la rosa desde la jaula imprime su irradiación y hace de la jaula un espacio donde el sufrimiento alcance un sentido. La rosa dulcifica la jaula, la jaula endurece la inocencia de la rosa y la inocula. La rosa es más poderosa que la jaula. Oxida sus rejas y restablece el fulgor de lo cierto. De eso básicamente se ocupa el poemario, de los destinos del creador y la creación, de las vicisitudes, presiones y coerciones que debe solventar para salvar su prístina rosa.
Son tres las avenidas por donde se extiende el poemario. La primera es una extensa suite poemática, en realidad un solo poema que se ramifica. A primera vista, muchos de estos textos parecen poemas en prosa. Pero si se atiende bien a su ritmo, a su vibración expresiva, a la yuxtaposición de imágenes, se verá que es solo la apariencia que ofrecen los bloques de párrafos (quizá se exceptúen los fragmentos I y II que sí tienen esa estructura). Fijémonos que los elementos de coordinación, de compenetración de una oración en otra, no funcionan así. Tienen una rara independencia que alcanza su cohesión en el todo. Es el poder de la imagen el que los aglutina y da coherencia.
En esta primera sección el poeta abre sus días y los disecciona. Es el bregar entre la ruda experiencia de vivir y la necesidad de ver más allá de los duros días, los signos de la rosa. El poeta es la “mano terca” que “insistía como una tromba contra la madera”, porque descubrir la belleza y expresarla es, no solo un llamado, sino una determinación. Son estaciones arduas para el ser. “Días que te devoran como lepra”, dice. “El infierno está en todas partes”, dice. “Huelen a azufre los días”. Por tanto a veces no sabe si escribir o solo rasgar las hojas con el lápiz para que sean mudo testigo. Hay que estar alertas y percibir las máscaras, las añagazas con que quieren engatusar y amansar al sujeto. Por eso clama, “Huye con el arpa”. No obstante, su destino está enraizado en su corazón, “Detrás de los barrotes vive un jardín que escribe cartas de amor.” Es en ese péndulo entre aceptación y renuncia, acercamiento o huida, expresión o silencio, que se cumple su destino.
En la segunda avenida, el poeta va de sus lecturas hacia la vida. Porque hay ocasiones en que debe primero vivirse la experiencia ya cumplida, fijada en el texto, para entonces entender con más nitidez la vida ruidosa y caliente de las calles. Así establece un diálogo con poetas memorables, poetas que no solo dejaron una obra de dignidad y belleza sino que sus carnes fueron mordidas inclementemente por el odio y la violencia de su tiempo. Aquí resucitan Anna Ajmatova, Alexander Blok, Nina Berberova, Serguei Esenin, María Tsvetaieva, Ossip Mandelstam, Boris Pasternak, cuyos avatares son cercanos al poeta y su contexto. El poeta rehace, desde su simpatía y angustia personal, las vidas de esos poetas para ganarles un sentido no únicamente de vigencia sino de utilidad imperecedera. Sabe que es la costilla más tierna de la humanidad la que sufre el rigor de los tiempos. “Siempre muere la carne virgen bajo la canción insoportable”, dice. No obsta ello para que el poeta cumpla su designio sobre la tierra, “Todo poeta tiene que traficar/ con los blancos misterios/ que le ofrece la mano del pecado”. Y en medio de la alucinación, el temor y el sufrimiento, la sensata sensibilidad se impone y concierta una esperanza, “Que nadie escuche la sordina del hombre solo. Y sea el hombre nuevo quien recupere su fe en la palabra”. Palabra, solidaridad y compañía se presuponen. Porque se sabe que debe llegar el día de la paz y la piedad para los inocentes. Entonces, “Habrá que entonar una canción/ para asumir los cambios inevitables del hombre”.
La tercera avenida es la que atraviesa la historia, tanto la vasta de su contexto, como la pequeña e individual, ninguna insustancial. Está signada por esa cifra martiana que la nombra, en que la oscura e insondable hermosura de la noche desvela, no por espanto sino por sobreabundancia de sentido y belleza. Por aquí se pasean seres que han dejado un gesto, un fulgor, una palabra, cierto aroma de significación para el poeta. Está el Maestro, que arriba a la Playita, tan endeble y a la vez inmenso, caminando “por donde no crecen jazmines/ y el  aguamala bordea”, pero siempre “arte entre las artes”. Y también su Ismaelillo que no lo traicionó, “El oro de La Republica no tiene nube/ para enlutar su noche”. Están los poetas cercanos y admirados (Delfín Prats, César López, Lina de Feria, Dulce María) que han dejado no solo algún que otro verso luminoso en la memoria sino una fe. Porque “No hay palabras para justificar/ que la palabra está rancia en el fondo del ánfora.” Hay que cambiar un estado de cosas protagonizado por “Los arrepentidos por culpa/ y los culpables por arrepentimiento.” Se impone la recapitulación reflexiva, la honra, la determinación, el irse por encima, “Habrá que volverse nube desde hoy/ para dormir en paz en este sitio.”
Y al final, ese amoroso y delicado responso por los abuelos. En este texto se cruzan lo personal y lo colectivo, la Historia y lo anecdótico, lo vociferable y   lo indecible. Una inserción en un devenir que lega un sentido y un recuerdo fulgurante para la posteridad del sujeto. Porque afirma la voz lírica, “Si algún poder tiene la poesía creo ha de ser el de devolvernos el semblante de nuestros muertos. El dolor no es una repetición de esquemas sino un alumbramiento tortuoso cada vez.” El dolor solo es admisible como seña de vida y como experiencia de superación.
Libro hondo y hermoso es La rosa en su jaula. Esta vez el autor se apoya más en la imagen y el tropo que en la sintaxis elaborada y la intertextualidad, de manera fluida, para refrendar un pensamiento humanista imprescindible para estos tiempos. Este es un libro que abre ventanas. “Abro ventanas como libros”, dice el poema, pero no como razona su persona lírica, “para quererse marchar/ y no volver nunca”. (El misterio de la poesía siempre desborda las intenciones del autor.) Sino para saber por qué las ventanas no solo se abren sino también se cierran y por qué toda marcha es el inicio de un regreso. Es lo humano. Y ahí está el aroma más fino de esta rosa.

Manuel García Verdecia
Luis Yuseff
Heredia
Poesía
2009
80
14
( Premio José Manuel Poveda de Poesía 2009 )
El poeta, infatigable buscador de la belleza, ha bebido en todas las aguas, ha escuchado las trompetas apocalípticas y salido victorioso en su empresa. Libro despiadado y brillante.

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2014