Santiago de Cuba, 28 de Junio de 2017
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Niño leyendo

Palabras para Aquel año en Madrid

RESEÑAS

Palabras para Aquel año en Madrid

Seré breve porque estoy segura de que ustedes prefieren escuchar a Daniel Chavarría que a mí. Pero comenzaré por contarles algo:
Era una de esas imprecisas horas en que las mujeres se levantan ante el imperioso llamado del recién nacido. Rápidos preparativos de experta, la colocan con relativa prontitud en el sillón con la complacida criatura pegada al seno repleto. Al poco, ella se sobresalta cuando escucha unos pasos robustos. Como no está segura de en cual habitación puede estar el intruso,  pone la niña al hombro y echa un resuelto vistazo al corredor. Nada. Silencio. Camina hasta el cuarto donde están el resto de sus hijos. Tampoco. Ni siquiera desde la calle 40-a y primera,  llegan sonidos trasnochados.
De regreso al dormitorio matrimonial, ahora percibe un esforzado  tecleo. Después, se repite el va y viene de los mismos pasos a veces furtivos, por momentos casi furiosos. Logra determinar que no es dentro de su casa sino en la que está encima, donde transcurre algo que no encaja bien. Asume cautelas de mujer sola, sin melindres ni excesos.
Miramar, en ese momento, y salvo ella y quien se afana en una indefinida cercanía, están en total calma.
Por fortuna el esposo llega de su viaje días después y apenas hay oportunidad, recibe la confidencia:-- Creo que hay un espía en este edificio. Puede que hasta transmita desde aquí.
El marido se preocupa de inicio, pero investiga. Poco después le cuenta  entre risas a su compañera que el vecino noctámbulo es un escritor uruguayo llamado Daniel Chavarría, quien, al parecer, o al menos en aquel tiempo, va en contra del ritmo circadiano cuando trabaja en sus obras.
Les aseguro que esta anécdota,  es absolutamente cierta. El acontecimiento tuvo lugar a mediados de los años 70 y creo que es ignorado incluso actualmente por su principal protagonista, nuestro merecido homenajeado de esta feria.
Con respecto al libro que hoy nos reúne, debo decir que una vez le pregunté durante una entrevista a Chavarría si Aquel año en Madrid, es verdaderamente un pasaje de su existencia personal ¿Está dispuesto a confesarlo? Le instigué.
El respondió: Sí, ¿por qué no? Y también le confieso que es la primera vez que voy a decir toda la verdad. Aquel año en Madrid, en lo que a mí me interesa, es una historia verdadera: Gaby me mintió a mansalva; me atribuyó un hijo del que me vine a enterar mucho después; les mintió a su marido y a su amante; pero era una mujer digna que mentía por entregarse a una causa justa.
En el resto hay alguna fantasía. El padre era un hombre taciturno, triste, aplastado por la tragedia que le tocó vivir en su juventud. No fue para nada el personaje excéntrico, payaso y violinista que yo construí. Es verdad que cazó nazis, pero nada tuvo que ver con el secuestro de Eichmann por el Mossad. Por supuesto, los diálogos son míos; y el final del melodrama está muy amañado. Sobre todo, no hubo la carta con que cierra la novela, que me dirige el hijo de Gaby; ni existió el reencuentro con su verdadero padre. Hasta aquí la respuesta de este creador. Un hombre que me reafirmó en el criterio de que pretender saberlo todo sobre alguien, es una necedad, máxime si se trata de un escritor tan prolijo de vida tan poco convencional.
Daniel Chavarría puede darse el lujo de confesar sus recursos literarios porque encontró el modo de hacer creíble lo ilusorio y de disfrazar de ficticio lo real. No digo nada sorprendente al afirmar que sabe cómo robarse el auditorio a través de su narrativa o si lo tenemos en persona.  Dije y repito que puede pasar por ángel siendo demonio, o a la inversa. Quiere decir que tiene un espíritu inquieto, una sapiencia que maneja con gran habilidad,  pero sin atragantarse con ella, y la usa para conformar sus personajes y el entorno  donde actúan con una especial verosimilitud.
La nueva edición que la editorial Oriente presenta en esta feria, es un hermoso libro. Su diseño es de apariencia inocente, pero tiene mucho que ver con la trama. Sobre todo con su protagonista femenina, que es, aparentemente, el escurridizo centro de situaciones y escenarios atrayentes, abordados con argucias de la novela policíaca y el más cándido enfoque de la remembranza juvenil, desde la perspectiva de la “víctima” una vez traspasados varios pasadizos y coartadas del tiempo.
En esta, como en casi toda su obra, Chavarría es capaz de entregar párrafos y páginas de un intenso lirismo, y cuando tiene al lector  atrapado en esas alturas poéticas, lo deja caer con un estudiado prosaísmo,  desenfado que no provoca heridas, pero sí de una veracidad abrumadora.
Yo, que acabo de caerme por tercera vez de Aquel año en Madrid, les recomiendo un salto similar, leyendo esta obra.

Elsa Claro
Ficciones
Novela
2013
224
12
Después de sobrevivir a un accidente en una travesía por mar, un joven ansioso de emociones intensas, sin fuerzas ni madurez para dominarlas, conoce a una ininteligible y bella mujer, segura de sí y enturbiada, a quien llega a amara con ímpetu semejante al que profesa el personaje Werther –en la obra homónima de Goethe – por Carlota. Luego de más de cuatro décadas de dobleces y extravíos, esta trama casi policial da un giro insólito y exhibe sus verdaderos móviles. Ella se deshace de sus antiguos talantes y pretende transformar lo imprevisible de las circunstancias. Pero ya a estas alturas, los personajes no pueden hacer lo mismo con sus vidas, ni encontrar un futuro promisorio, sólo aclarar el sinuoso entramado de los equívocos.

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2014