Santiago de Cuba, 28 de Junio de 2017
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Presentación del libro El Departamento Oriental en documentos. 1510-1868. Compilación y notas de la Dra. Olga Portuondo Zúñiga.

RESEÑAS

Presentación del libro El Departamento Oriental en documentos. 1510-1868. Compilación y notas de la Dra. Olga Portuondo Zúñiga.

Sería otro lugar común decir que la obra es el resultado de años de trabajo en archivos de Cuba y de España y de la consulta de publicaciones que, infelizmente hoy, han desaparecido o que, en el mejor de los casos, se han hecho más inaccesibles para los investigadores de lo que ya eran hace treinta años, pero no por redundante lo dicho deja de ser certeza que nos beneficia doblemente, primero porque la Dra. Portuondo ha tenido la feliz idea de compartir documentos que llegaron a ella tras agotador laboreo, así tenemos en nuestras manos –en letra impresa y transcripción diáfana que agradecemos además – representaciones, informes, cartas, actas, planes para reducir a la obediencia a esclavos y apalencados y hasta un reglamento para el orden interno del teatro Coliseo, papeles todos que en la mayoría de los casos, tras ser empleados por ella, merecían llegar también a otros, para que de ellos se hicieran nuevas lecturas e interpretaciones, quizás sea esta una de las íntimas esperanzas de la profesora Olguita, que otros análisis sean formulados y que respuestas inconclusas tengan otros asideros a partir de los cuales se pueda completar el conocimiento. Y segundo porque cada sección de documentos ha sido convenientemente introducida mediante breves explicaciones donde se esbozan las características generales de cada período histórico y el devenir de los territorios que se ven reflejados en los mismos, de modo tal que la autora logra lo que pocos historiadores podemos hacer: una síntesis loable de 358 años de historia, apoyada, por demás, en los documentos que dan fe de procesos, hechos y personajes.       
Y ¿por qué una compilación de documentos del Departamento Oriental? Se preguntarán algunos. La respuesta más obvia podría ser: la Dra. Portuondo ha dedicado su quehacer intelectual al estudio del Oriente cubano y, por ello, tiene especial interés en promover una edición con estas características, sin embargo, conocemos de colegas que han dedicado su vida a un determinado asunto y ni por asomo han producido un texto como el que nos ocupa, entonces en lo obvio no está toda la explicación. Veamos el enunciado que sirve de apertura al trabajo:
En pocas ocasiones se ha escrito la historia de aquellos departamentos en los que el Imperio Ultramarino español dividió administrativamente en dos la isla de Cuba desde la temprana fecha de 1607. En este texto se pretende una mirada sobre el menos conocido y el más vasto de estos territorios, cuya capital radicaba en la ciudad de Santiago de Cuba: el Departamento Oriental.
 
Y aparece entonces, ante nosotros, otra explicación: la compilación se dirige contra ese desconocimiento, a llenar, en lo posible, uno de los “agujeros negros” de la historia nacional, de ahí que presente, a propios y ajenos,  procesos como la colonización, el temprano mestizaje, la rebeldía y el cimarronaje de aborígenes y africanos, la despoblación tras los descubrimientos en tierra firme, la supervivencia cotidiana en medio del abandono oficial y los ataques de corsarios, las estrategias criollas para responder a estos males, dígase el comercio de contrabando o el atrincheramiento en los cabildos para defender la autonomía ganada, la reacción ante los cambios políticos metropolitanos, las aspiraciones de ciertos grupos por emular el éxito económico logrado por la oligarquía habanera a base del trabajo esclavo, la derrota del modelo hacendístico, el afianzamiento del amor a la patria chica, la conciencia de ser diferente, el camino hacia la independencia en una larga ruta donde confluyeron los patricios del Cauto y los apalencados del Cobre, los criadores de ganado y los vegueros arruinados por el avance del azúcar, los jornaleros y los campesinos sin tierra, todos conspirando para echar de sus pequeñas patrias al enemigo español. Y, en mi modesta opinión, creo que la selección cuidadosa de la Dra. Portuondo logra en buena medida dicho objetivo. Así, los documentos que nos propone son, en su concatenación, un excelente fresco del Oriente cubano, un Oriente que se nos multiplica desde las primeras villas hasta los pueblos y ciudades nacidos al calor de la política de fomento de la población blanca, de los planes de defensa del territorio ante las amenazas externas o de otra política más sutil, la de divide y vencerás, y me remito aquí a la suerte de castigo impuesto a los bayameses con la fundación de las tenencias de gobierno de Holguín y Las Tunas. En fin, tenemos ante nuestros ojos un Oriente castigado por la furia de la naturaleza –ver el informe del marqués de Casa Cajigal sobre el terremoto de 1766– para el cual se idearon planes de desarrollo siempre desoídos y por ende siempre pospuestos –ver por ejemplo el proyecto del Arzobispo Joaquín de Oses sobre el fomento de la agricultura e industria de 1794.
Pero es que, además, en la breve introducción general que hace la compiladora expresa, con honestidad, una legítima inquietud cuando se pregunta ¿hasta qué punto resultarán de interés los documentos elegidos? cuando es conocedora de la preferencia de sus colegas por el trabajo con series documentales, dejándonos, a manera de desafío, la interrogante a los que, ciertamente, hemos optado por reconstruir y explicar el pasado a través de evidencias seriadas, desafío que resulta estimulante porque también sabemos que las series de precios, de movimiento natural de la población, de estadísticas de producción, de memorias testamentales, de escrituras de libertad, no se explican por si solas y ganan mucho cuando son cruzadas o complementadas con un testimonio singular, ya sea un informe producido por un funcionario verdaderamente comprometido con la misión de gobernar o la memoria de un simple ciudadano dolido por el estado de postración de la región que le vio nacer o por la queja airada de un cobrero al que se le quiere someter, junto a toda su comunidad, a una esclavitud que presume más injusta e insoportable que la padecida bajo la condición de esclavo del Rey. Puedo decir entonces que todo depende de la creatividad e imaginación intelectual con la que se trabaje y de la disposición de buscar siempre la verdad, por ello no le faltarán lectores interesados a los dos tomos que la Editorial Oriente, en otro gesto de confianza coherente en su compromiso con la creación legítima y comprometida, ha puesto en manos de los investigadores y también de esos que solemos clasificar, con una etiqueta que me parece horrible “público en general”, segmento donde, en realidad, se ubica la mayoría silenciosa de nuestros lectores más fieles y honrados, me atrevería a decir que más fieles y agradecidos incluso que los destinatarios obvios de obras como estas.
Llegado a este punto, cualquiera pudiera suponer que resulta tarea ingrata presentar una selección de documentos, en principio porque no hay hecho que reseñar, hipótesis que compartir o rebatir, análisis que impugnar, conclusión que aplaudir, a primera vista nada se demuestra en las más de ochocientas páginas que constituyen los dos tomos de la obra, sin embargo, aún aquellos que lean, por el simple gusto de la lectura, verán aquí la génesis de los pueblos y de las ideas que nos condujeron a ser indómitos, recuerdo aquí que esa cualidad de “difícil de sujetar o reprimir” es algo que los cubanos debemos a los nacidos en el Oriente y que, no por gusto o casualidad, a dicha región se le calificó, desde tiempos inmemoriales, de dicha manera, sabrá dios si fueron los funcionarios reales dedicados a reprimir a los persistentes contrabandistas o los derrotados ingleses en 1741, los autores del referido calificativo. Yo debo concluir, por tanto, con una invitación a que lean los documentos que encuentren más adecuados a sus sensibilidades o lean de corrido como hace un buen lector, luego se sirvan de lo leído y, por supuesto, den crédito a la profesora Olga Portuondo porque, escasos como los montes son los investigadores que comparten sus trofeos y ella lo ha hecho de un modo que inspira a seguir su ejemplo. Aplaudo también la constante referencia que hace la investigadora a los trabajos de sus colegas, así artículos que vieron la luz en revistas como Del Caribe y Santiago y libros editados por las ediciones territoriales son referenciados, valor añadido a la selección documental pues nos regala su autora, al mismo tiempo, un útil repertorio bibliográfico de mucho de lo publicado en los últimos años en el otrora Departamento Oriental.
Finalmente debo confesar mi preferencia –y ya ven que no me ha sido ingrata la tarea de prepararme para la presentación de este libro – por la justa vindicación que hicieron de su ciudad y su región, en 1818, los regidores del Cabildo de Santiago de Cuba ante el ataque, en forma de discurso del joven Juan Bernardo OGavan en unas de las juntas de la Sociedad Patriótica de La Habana -acoto que OGavan era santiaguero pero se había formado bajo la sombra del ilustrado Obispo Juan José Díaz de Espada, por lo fue instrumento de aquel en su pugna con el Arzobispo de la Diócesis oriental, Joaquín de Osés – donde se acusaba a los santiagueros en particular y a los orientales en general de atrasados e ignorantes, y se les conminaba a imitar a la Habana, como única vía para el adelanto. La digna respuesta en forma de representación dirigida al Rey, que mucho recomiendo, es un vívido recuento de todo lo que se había pedido al trono hasta entonces y de lo que no se le había concedido a sus habitantes, de la desigual distribución de los recursos asignados a la isla, de la usurpación que se hacía sistemáticamente de los ingresos obtenidos en la región para beneficio exclusivo de los planes ideados en la capital de la isla. Y hasta ahora no deja de maravillarme el hecho de que la réplica del Síndico santiaguero José María Veranes a su compatriota Juan Bernardo OGavan tenga su correlato fiel en muchos de los documentos con los que la Dra. Portuondo ha querido presentar, ante el resto de la isla, al Departamento Oriental, que así sea.  
Gracias Olguita, una vez más y siempre por tu magisterio.
Gracias también a la Editorial Oriente por su disposición incondicional hacia la Historia de Cuba.

Editorial Oriente
Bronce
Ciencias sociales
2013
794
Este libro es una selección de documentos inéditos en su mayoría sobre el territorio del antiguo Departamento Oriental (Guantánamo, Baracoa, Santiago de Cuba, Bayamo, Holguín, Puerto Príncipe y Tunas) en el período comprendido desde los primeros momentos de conquista y colonización hasta los inicios de la primera guerra de independencia. Prevalece el tema económico pero se añaden nuevos temas sociales, políticos etc.

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2014